domingo, 1 de mayo de 2016

EL JARDÍN PROHIBIDO de Sandro Giacobbe



Esta tarde vengo triste y tengo que decirte 
que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos 
sus ojos me llamaban pidiendo mis caricias 
su cuerpo me rogaba que le diera vida. 

Comí del fruto prohibido dejando el vestido 
colgado de nuestra inconsciencia 
mi cuerpo fué gozo durante un minuto, 
mi mente lloraba tu ausencia. 
no lo volveré a hacer más. 
No lo volveré a hacer más. 

Pues mi alma volaba a tu lado y mis ojos 
decían cansados que eras tú, que eras tú. 
Que siempre serás tú. 
Lo siento mucho la vida es así 
no la he inventado yo. 

Si el placer me ha mirado a los ojos 
y cogido por mano yo me he dejado llevar por mi cuerpo 
y me he comportado como un ser humano 
lo siento mucho la vida es así 
no la he inventado yo 

Sus besos no me permitieron repetir tu nombre, y el suyo sí 
por eso cuando la abrazaba me acordé de tí 

comí del fruto prohibido 
dejando el vestido colgado de nuestra inconsciencia. 
mi cuerpo fué gozo durante un minuto, 
mi mente lloraba tu ausencia. 
no lo volveré a hacer más 
no lo volveré a hacer más 

pues mi alma volaba a tu lado y mis ojos 
decían cansados que eras tú, que eras tú 
que siempre serás tú 
lo siento mucho la vida es así 
no la he inventado yo 

Si el placer me ha mirado a los ojos 
y cogido por mano yo me he dejado llevar por mi cuerpo 
y me he comportado como un ser humano 
lo siento mucho la vida es así 
no la he inventado yo


“Esta tarde vengo triste y tengo que decirte que tu mejor amiga ha estado entre mis brazos.” En esta frase, hay dos puntos a comentar. En principio, llama la atención vivir conforme a los sentimientos. Es como si uno se levantara triste y decidiera no ir a trabajar o si está enfadado y lo utiliza de excusa para decir cualquier cosa. Vivir conforme a los sentimientos es vivir conforma a una vida pobre y a  veces un poco “loca”, un arma de doble filo. Aprender a manejar nuestra inteligencia emocional inconsciente es algo muy importante para no estropear relaciones, trabajo, etc. Hay otro de ti mismo que te genera conflictos, confusiones, reacciones ante situaciones que no corresponden… Las cosas se hacen gracias a los pactos con los otros, el deseo y el trabajo.
 El otro punto a comentar es la confesión del protagonista. ¿Para qué se lo dice? Hay un ánimo de molestar a la pareja, porque cosas que no se hace y si se hacen, no se dicen , y si se dicen, no se dan detalles. Una pareja no es un confesor para aliviar la conciencia. Pero el deseo se muestra en el acto, según las consecuencias, vemos para qué , por qué y para quién. En esta pareja, si hacemos una lectura del deseo, vemos cómo con la mejor amiga de ella acontece la trama. En realidad él hace de puente para el encuentro de ambas, es un deseo de las dos y lo utilizan a él. Las infidelidades que ocurren con los mejores amigos/as vemos cómo en realidad es cosa de ambos amigos/as. Cuentan las intimidades, detalles incluso sexuales de los mismos a la pareja, es como si inconscientemente lo uniera con esa persona. El deseo en la pareja es una cosa de los dos, y se desplaza, toma formas incomprensibles y objetos inusitados. Puntualizar que el deseo acontece hacia cualquier objeto y muy distinto es lo que luego escojamos. Por no tolerarlos, pueden ser reprimidos y tomar después la forma de "infidelidad", pero es otro deseo el que está en juego.
“Comí del fruto prohibido” nos dice el hombre. Lo prohibido también es lo que más se desea, es estructural en nosotros, viene del Complejo de Edipo, donde tenemos que renunciar a la madre, y se convierte en objeto prohibido, siendo las sucesivas relaciones subrogados de esta relación.
Dice: “Mi alma volaba a tu lado y mis ojos decían cansados que eras tú que eras tú, que siempre serás tú”. A través ahora de la confesión, su relación será más apasionada. No reconocer ese deseo propio en el otro, haré que se alimente cada vez en el recuerdo.
“No lo volveré a hacer más” es como si le dijera a su mamá: he sido malo no lo volveré a hacer más.
“Lo siento mucho la vida es así no lo he inventado yo”. Efectivamente, la moral, los dictámenes sociales nos dicen una cosa, lo que está bien, mal, pero los dictámenes del deseo, las curvas que toma el mismo para manifestarse, es lo que hace complejo a lo humano. Las cosas no son blancas o negras. Una vez más, nada es lo que parece.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
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