Era feliz en su matrimonio
Aunque su marido era el mismo demonio
Tenía el hombre un poco de mal genio
Y ella se quejaba de que nunca fue tierno
Desde hace ya más de tres años
Recibe cartas de un extraño
Cartas llenas de poesía
Que le han devuelto la alegría
Quien la escribía versos dime quien era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas
A veces sueña y se imagina
Cómo será aquel que tanto la estima
Sería un hombre más fiel de pelo cano
Sonrisa abierta y ternura en las manos
No sabe quien sufre en silencio
Quien puede ser su amor secreto
Y vive así de día en día
Con la ilusión de ser querida
Quien la escribía versos dime era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas
Y cada tarde al volver su esposo
Cansado del trabajo la mira de reojo
No dice nada porque lo sabe todo
Sabe que es feliz, así de cualquier modo
Porque él es quién le escribe versos
Él, su amante, su amor secreto
Y ella que no sabe nada
Mira a su marido y luego calla
Quien la escribía versos dime quien era
Quien la mandaba flores por primavera
Quien cada nueve de noviembre
Como siempre sin tarjeta
La mandaba un ramito de violetas
La letra comienza diciendo que “era feliz en su
matrimonio aunque su marido era el mismo demonio”. Una relación
entre dos personas, ya indica un pacto, donde cada una “encaja”,
hacen un papel en la pareja que se juega cada vez. Ella es esa mujer
para ese hombre, donde aunque se encuentra insatisfecha es feliz,
vive en un ideal (piensa y se recrea en su amor secreto) y hace de su
marido, tras ese ideal (que se traduce en exigencia) una persona con tintes hostiles. El deseo no se apaga, se desplaza a otro
lugar y él para poder ser ese otro hombre que le regala un ramito de
violetas y le dice palabras llenas de poesía, ha de fingir que no es
él, hacerse su amante secreto para devolverle la alegría. Incluir
un tercero en la relación, permite que sean dos, porque no hay dos
sin tres. Eso le ha devuelto la ilusión que él no puede en la realidad, porque ella habita en esa fantasía y tal vez puede que se encuentre en una posición histérica, donde desea que su deseo sea insatisfecho.
La terapia de pareja en la que un psicoanalista
pondría en juego la comedia en la se sumergen, les permitiría
conversar y transformar acerca de sus ideales y su forma de habitar
en el amor, su posición, donde una está frustrada por ese ideal y el otro se
convierte en una persona agresiva en esa exigencia. Nada es lo que
parece.
Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: +34 610 86 53 55
lalgpsico@gmail.com
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