sábado, 12 de marzo de 2016

RAMITO DE VIOLETAS de CECILIA



Era feliz en su matrimonio 
Aunque su marido era el mismo demonio 
Tenía el hombre un poco de mal genio 
Y ella se quejaba de que nunca fue tierno 
Desde hace ya más de tres años 
Recibe cartas de un extraño 
Cartas llenas de poesía 
Que le han devuelto la alegría 

Quien la escribía versos dime quien era 
Quien la mandaba flores por primavera 
Quien cada nueve de noviembre 
Como siempre sin tarjeta 
La mandaba un ramito de violetas 

A veces sueña y se imagina 
Cómo será aquel que tanto la estima 
Sería un hombre más fiel de pelo cano 
Sonrisa abierta y ternura en las manos 
No sabe quien sufre en silencio 
Quien puede ser su amor secreto 
Y vive así de día en día 
Con la ilusión de ser querida 

Quien la escribía versos dime era 
Quien la mandaba flores por primavera 
Quien cada nueve de noviembre 
Como siempre sin tarjeta 
La mandaba un ramito de violetas 

Y cada tarde al volver su esposo 
Cansado del trabajo la mira de reojo 
No dice nada porque lo sabe todo 
Sabe que es feliz, así de cualquier modo 
Porque él es quién le escribe versos 
Él, su amante, su amor secreto 
Y ella que no sabe nada 
Mira a su marido y luego calla 

Quien la escribía versos dime quien era 
Quien la mandaba flores por primavera 
Quien cada nueve de noviembre 
Como siempre sin tarjeta 
La mandaba un ramito de violetas 


La letra comienza diciendo que “era feliz en su matrimonio aunque su marido era el mismo demonio”. Una relación entre dos personas, ya indica un pacto, donde cada una “encaja”, hacen un papel en la pareja que se juega cada vez. Ella es esa mujer para ese hombre, donde aunque se encuentra insatisfecha es feliz, vive en un ideal (piensa y se recrea en su amor secreto) y hace de su marido, tras ese ideal (que se traduce en exigencia) una persona con tintes hostiles. El deseo no se apaga, se desplaza a otro lugar y él para poder ser ese otro hombre que le regala un ramito de violetas y le dice palabras llenas de poesía, ha de fingir que no es él, hacerse su amante secreto para devolverle la alegría. Incluir un tercero en la relación, permite que sean dos, porque no hay dos sin tres. Eso le ha devuelto la ilusión que él no puede en la realidad, porque ella habita en esa fantasía y tal vez puede que se encuentre en una posición histérica, donde desea que su deseo sea insatisfecho.
La terapia de pareja en la que un psicoanalista pondría en juego la comedia en la se sumergen, les permitiría conversar y transformar acerca de sus ideales y su forma de habitar en el amor, su posición, donde una está frustrada por ese ideal y el otro se convierte en una persona agresiva en esa exigencia. Nada es lo que parece.
Laura López, Psicoanalista Grupo Cero
Telf.: +34 610 86 53 55        
lalgpsico@gmail.com          



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